(...) La situación que vive hoy la literatura es terrible, y no hace más que empeorar. Desde que las grandes corporaciones se han adueñado de los sellos editoriales, el cambio a peor ha ido en picado. Los editores están a merced de los accionistas, que sólo quieren oír hablar de beneficios. Se trata de vender, que el producto sea un libro es lo de menos. Lo tratan exactamente igual que si fueran unas gafas de sol, o un cinturón, o un cosmético. Antes había un margen de riesgo. Había editores que decían: "Este libro va a tener pocos lectores, pero es literatura de verdad, así que lo voy a publicar". Hoy no queda casi nadie que piense así y las consecuencias son incalculables. La calidad de lo que se publica es cada vez peor. Conscientes de esto, los propios escritores se pliegan a las exigencias del mercado"..