Carta La conquista del tiempo: el otro Maquiavelo por José Marzo
Al comienzo de la primavera de 1527, mientras el ejército del emperador Carlos V invadía Italia, Maquiavelo recibió una carta de su hijo Guido.
Decidí visitar a Gregorio un sábado por la tarde, tres semanas después de su última salida del hospital. No fue fácil resolverme a buscarlo. Lo cavilé durante meses. Le temía al reencuentro como quien teme una emboscada. Esa tarde di varias vueltas por la calle sin atreverme a tocar su puerta. Cuando por fin lo hice, me hallaba nervioso, inquieto y —por qué no decirlo— algo acobardado..
Acababan de dar las doce, de una manera pausada, acompasada y respetable, en el reloj del pasillo. Era costumbre de aquel viejo reloj, alto y de caja estrecha, adelantar y retrasar a su gusto y antojo la uniforme y monótona serie de las horas que va rodeando nuestra vida, hasta envolverla y dejarla, como a un niño en la cuna, en el obscuro seno del tiempo.